Mucha gente convive durante años con una deuda que no puede pagar simplemente porque cree que pedir ayuda significa quedarse en la calle. Es un miedo comprensible, pero en buena parte infundado. Vamos a explicarlo con calma.
La reforma de 2022 lo cambió todo
La Ley 16/2022, que reformó el Texto Refundido de la Ley Concursal, introdujo un cambio importante: además de la exoneración clásica, que exige liquidar el patrimonio, existe la exoneración con plan de pagos sin liquidación.
Dicho en lenguaje llano: hasta entonces, para cancelar las deudas había que vender lo que se tuviera. Ahora existe una segunda puerta que permite conservar bienes —incluida la vivienda habitual— a cambio de comprometerse a un plan de pagos durante un tiempo determinado.
Las dos vías, en resumen
- Con liquidación: se liquida el patrimonio y se exonera la deuda restante. Es la vía habitual cuando no hay bienes relevantes que proteger.
- Con plan de pagos, sin liquidación: permite mantener bienes, incluida la vivienda, asumiendo un plan de pagos. El plazo general es de tres años y se amplía a cinco cuando precisamente no se liquida la vivienda habitual.
Entonces, ¿cuándo se puede conservar la casa?
No hay una respuesta automática, pero hay factores que pesan mucho:
- Si la hipoteca está al día. El acreedor hipotecario tiene una garantía sobre el inmueble. Si sigues pagando la cuota, su posición no se ve alterada y la vivienda no entra en juego del mismo modo.
- Si el valor de la vivienda no supera con mucho lo que aún debes por ella. Cuando la casa está prácticamente pagada y tiene un valor alto, liquidarla generaría un remanente para los acreedores, y eso cambia el análisis.
- Si tus ingresos permiten sostener un plan de pagos. Esta vía exige comprometerse a pagar algo. Si no hay capacidad de pago ninguna, la liquidación puede ser la única salida realista.
Un matiz importante: conservar la vivienda no es gratis. La vía sin liquidación implica un plan de pagos más largo y un compromiso serio. En algunos casos, a nuestros propios clientes les compensa más liquidar y quedar completamente libres. No damos por hecho que mantener la casa sea siempre lo mejor: eso se decide caso por caso.
¿Y el coche?
El vehículo sigue una lógica parecida, aunque en la práctica suele generar menos conflicto: un coche de uso habitual y valor moderado, necesario para trabajar o para el día a día, tiene un tratamiento distinto al de un vehículo de alta gama o un segundo coche.
Qué pasa mientras dura el procedimiento
Un efecto que suele aliviar mucho: desde la declaración del concurso, las ejecuciones y embargos sobre tu patrimonio se paralizan en los términos que marca la ley. Es decir, la presión se detiene mucho antes de que llegue la resolución final. Para quien lleva meses recibiendo llamadas y cartas de embargo, ese cambio se nota desde el primer momento.
Nuestra recomendación
Antes de decidir nada, hay que poner sobre la mesa cuatro datos: cuánto vale tu vivienda, cuánto debes de hipoteca, cuáles son tus ingresos reales y a cuánto asciende el resto de tu deuda. Con esos números encima, la respuesta deja de ser una intuición y pasa a ser un cálculo.
Eso es exactamente lo que hacemos en el estudio de viabilidad: te decimos por escrito qué pasaría con tu casa en tu caso concreto, sin promesas vacías en ninguna de las dos direcciones.
¿Y en tu caso concreto?
Cada situación es distinta. Comprueba gratis en dos minutos si cumples los requisitos, o pídenos el estudio de viabilidad y te lo decimos por escrito.
Hacer el test gratuito Escribir por WhatsApp